Amor & Rosas, una visita a Angélica

Era necesario regresar a Chiapas y visitar a Angélica. Actualmente se encuentra trabajando con un grupo de más de cuarenta y cinco mujeres. Este es probablemente el más grande con el que trabaja Amor & Rosas desde hace ya algunos años. La intención también era medir el impacto que tiene el trabajo en la vida de las mujeres que colaboran con la marca. 

El grupo se organizó con amigos voluntarios de la marca que ayudarían a agilizar el proceso de las entrevistas. Consiguieron una casa en San Cristóbal y recorrieron el Cañón del Sumidero en su primer día ahí. El recorrido fue bello, ya que las lluvias generan cascadas en los muros del cañón y resaltan el verde de la vegetación. Todo parecía perfecto hasta que llegaron a un punto en el que la basura se acumulaba. Fue impresionante ver toda esa cantidad de envases plásticos formando pequeñas islas. 

Al día siguiente era momento de dirigirse a Chenalhó para ver a Angélica y conocer al grupo de mujeres que con ella trabajan. Angélica trabaja con su hija Claudia, y lidera un grupo de 45 mujeres que bordan para Amor & Rosas. Su vida no ha sido sencilla, antes de llegar a su actual hogar fue desplazada de donde vivía y tuvo que migrar con nada. El trabajo le ha ayudado no sólo a establecerse sino también a ayudar a la comunidad.

Era necesario preguntar ¿cómo viven? ¿qué necesitan? y ¿cuánto ganan?, esto para asegurarse que la colaboración se desarrolla de manera ética. La última visita había sido año y medio atrás. Fue gratificante llegar y ver como Angélica había hecho arreglos en su cocina para que se convirtiera en un espacio de trabajo. Muchas de las mujeres manifestaron lo felices que estaban de trabajar con ella. Algunas perdieron sus trabajos por la pandemia. El bordado de cubrebocas les ha ayudado a conseguir algo de dinero. 

La realidad es que muchas de ellas tienen maíz, tal vez alguna pequeña hortaliza, miel y gallinas. Cuentan con lo necesario para comer, así que el dinero lo utilizan para cosas que ellas no tienen en la comunidad. El dinero les da también libertad e independencia. Algunas de estas mujeres suelen depender de sus esposos para todo, el generar ingresos les ayuda a poder tomar control de su vida. 

El grupo se ve feliz y se muestra agradecido con la colaboración. Muchas de las mujeres contaron sobre lo amable que es Angélica y lo mucho que les ha ayudado el trabajo no sólo en lo económico sino también en lo anímico. En ocasiones es difícil que el diseñador se preocupe por entablar una relación directa con las personas en su equipo. Pero Laura Melendrez de Amor & Rosas es la excepción. 

A partir de esta visita ella pudo detectar que son muchas las mujeres que se quieren sumar al grupo. Desafortunadamente la demanda no ofrece el trabajo suficiente para tantas. Aún así Laura tomó la decisión de ofrecer productos textiles que las mujeres elaboran en su página; sin importar que estos no sean de Amor & Rosas. 

La importancia de estos estudios no es sólo para asegurarse de que los procesos sean los adecuados; sino también invitar a más marcas a sumarse a una ola de producción ética. 

A los días Angélica y su hija Claudia visitaron la Ciudad de México para ofrecer un par de talleres de bordado y ofrecer algunas blusas, bolsas y demás productos. 

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