Casa Madero, amor por el vino y el planeta

Pensar en la tradición vitivinícola nos puede llevar al viejo continente. Es común relacionar esta bebida con países como Francia, Italia y España. De este lado del Atlántico podemos ubicar primero algunas etiquetas de Argentina o Chile, pero la realidad es que la vitivinícola más antigua de América se encuentra en México: Casa Madero.

Coahuila cuenta con una biodiversidad sorprendente, los paisajes de este estado son ricos no solo por sus desiertos de arena blanca, también se caracteriza por sus bellas montañas, nogales, aguas termales y el incomparable paisaje de Parras de la Fuente. Es ahí donde se encuentra la Hacienda San Lorenzo, hogar de Casa Madero, la primera vitivinícola del continente. 

Lo que hace este vino tan especial, además de su rica historia y siglos de experiencia, son las iniciativas de sus líderes para llegar a ser completamente sostenibles. Los objetivos ambientales de Casa Madero son evidentes hasta en los detalles más pequeños. Demostrando auténticamente su amor por la tierra. Desde los huertos que producen ingredientes para la cocina, las hectáreas de nogales y premiadas uvas orgánicas; hasta prácticas de reducción de residuos e innovación agrónoma. Las acciones y cambios tangibles creados desde la raíz de la organización, diferencian a Casa Madero, siendo de las vitivinícolas más responsables y conscientes de México.

Historia

La historia de la tierra, la hacienda y la vinícola es fascinante y se relaciona directamente con la del país. Todo inició cuando los conquistadores españoles salieron de Zacatecas para explorar el norte en búsqueda de oro. Al llegar al Valle de Parras encontraron manantiales de agua y vides silvestres, esto en el año de 1568. 

Esto ocasionó que ahí se fundara la Misión de Santa María de Parra. La cual, veinte años después adquirió oficialmente una Merced -o permiso- por parte del rey de España Felipe II para producir vino y brandy. En ese año, 1597, adquiere el nombre de Hacienda San Lorenzo, comercialmente conocida como Bodega San Lorenzo. Desde entonces y hasta la fecha se ha producido vino de manera ininterrumpida. 

En un periodo de 300 años, la hacienda cambió algunas veces de propietarios, cumpliendo durante la colonia, con el propósito de abastecer vino a la corona y la iglesia. Para 1893 don Evaristo Madero la adquiere en una subasta. Tras su compra, moderniza las instalaciones, capacita a sus hijos y nietos en la producción de vino y brandy; y cambia oficialmente el nombre a Casa Madero. 

Don Evaristo fue el responsable de las bases de la vinícola que hoy conocemos, pero tuvo un imprevisto durante la Revolución Mexicana cuando su nieto, Franciso I. Madero, emprendió la persecución de su propia familia durante la revolución. Muchos de los hombres de apellido Madero tuvieron que huir para protegerse en el extranjero.

Superada la crisis que trajo consigo la revolución, Casa Madero continuó creciendo su producción vinícola y su tradición siendo hoy dirigida por la quinta generación de la familia Madero. Don José Milmo y su esposa, Doña Maye compartían un profundo amor por el Planeta y su gente. Siempre buscaron que la vitivinícola cambiara su camino al de la sostenibilidad. Mientras Don José y sus hijos Brandón y Daniel destinaban algunas hectáreas al cultivo de uvas orgánicas para empezar a desarrollar el sueño de tener un viñedo sustentable; Doña Maye se encargaba de crear una hortaliza llena de plantas aromáticas y vegetales para la cocina de la hacienda. 

Una tradición familiar que nació de la pasión por cuidar de los recursos que nos regala el Planeta.

Una escape para reconectar con el Planeta

A partir de 2003 las puertas de Hacienda San Lorenzo se encuentran abiertas para vivir la experiencia de Casa Madero. Las habitaciones se encuentran en el casco original de la hacienda y en las antiguas caballerizas. El verde de la vegetación contrasta con el blanco de la estructura. Las habitaciones están inspiradas en estados de la República y cuentan con artesanías y detalles típicos de cada uno. El hospedarse aquí resulta en todo un escape, las habitaciones están libre de televisor, teléfono y wifi. La recepción celular es la suficiente para una emergencia, lo cual resulta perfecto para sólo disfrutar del lugar.

La cocina está a cargo de Hugo Sandoval, un joven chef que cuenta con formación en importantes restaurantes de Francia y México. Su filosofía es congruente con la de la Dirección: el uso de insumos orgánicos de temporada que se cultivan en los huertos de la hacienda, acompañados de productos lácteos y animales de comunidades cercanas con una producción pequeña y consciente. Sus exquisitos platillos de huerto a mesa, son una obra de arte homenajeando a la gastronomía local más allá de los clichés y el folkore. 

Comer en Casa Madero con vista a una fuente con canal que desemboca en una piscina resulta toda una experiencia. Experiencia que marida a la perfección con los alimentos naturales y la selección de vinos que la Sommelier Angie Peréz puede sugerir.

Al recorrer los viñedos se aprende de todo. Con total transparencia sus agrónomos especialistas explican desde la siembra de las vides de injerto para poder adaptarse a la tierra de la región; hasta del sistema de riego y captación de agua que garantiza que no se emplee más de lo necesario en el cultivo. Comparten detalles de la trazabilidad de sus materiales, y son honestos de cómo cada día aprenden más sobre imitar a la naturaleza en los cuidados de sus cultivos, para poco a poco adaptar absolutamente todo a prácticas 100% orgánicas. 

Es emocionante ver el fruto de lo que un día fue el sueño de Don José materializado en estas botellas de uva orgánica. Él y Doña Maye amaban la naturaleza y todo lo que nos da.

Federico, historiador de Casa Madero.

Esta plática resulta más educativa y cautivadora con una copa en la mano. Esto mientras se prueba el producto final de un largo proceso meticulosamente cuidado por el enólogo  Christian y su equipo. La sensación de consumir un producto del cual conoces el origen, tradición, cariño y pasión con el cual es creado no tiene comparación. 

Amando al Planeta se llega lejos 

En 2012 Casa Madero logró certificar alrededor de un cuarto de su viñedo como orgánico, siendo el primer Viñedo Orgánico en México. Los vinos elaborados a partir de uvas certificadas por la compañía alemana BSC, sorprendieron a la comunidad viticultora mundial del concurso Wine System Alemania. Ahí se otorgaron la Medalla Gran Oro al Cavernet Sauvignon, Uvas Orgánicas 2015 y el Oro al Chenin Blanc, Uvas Orgánicas 2017.

El ser una empresa sostenible no significa ser perfecta, sino buscar siempre mejorar. Es querer cuidar al Planeta y a las personas de una manera genuina. Reconocer que es un proceso de constante aprendizaje y crear objetivos a largo plazo para lograr un cambio permanente y trascendente. 

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