Una guía para ser experto en la moda rápida

Foto de portada por Kevin Whipple

La moda como un modelo de negocios lineal, acelerado y tóxico que ha llevado a la industria textil a ser la segunda más contaminante del planeta.

El término moda rápida fue uno de los primeros que empezaron a dar visibilidad a la enorme problemática ambiental y social creada por la industria de la moda. Aun siendo un concepto del que existe mucha información, es importante entender a fondo qué es y porqué existe una tendencia mundial para revolucionar sus procesos de producción. Puede llegar a ser un tema abrumador que te paraliza con impotencia, pero desmenuzando cada parte paso a paso, es mucho más sencillo comprender cómo podemos poner nuestro granito de arena para solucionarlo.

Aquí te dejamos un acordeón de lo más básico que tienes que saber acerca de la moda rápida y como puedes accionar tu amor por el planeta desde tu closet.

¿Qué es?

La moda rápida o fast fashion es un modelo de producción acelerada y desmedida empleado por empresas textiles donde ofrecen una variedad de prendas en tendencia a precio muy bajo. Tienen una rotación de productos altísima para lograr siempre tener la última moda en el maniquí. Esta práctica global, se alimenta del consumismo. Su prioridad número uno es la velocidad para tener el mayor número de ventas posible. En resumen, la moda rápida prioriza las ganancias económicas sobre las personas y el planeta.

¿Cómo empezó?

No hace mucho tiempo, comprar ropa era una actividad a la que le teníamos que dedicar tiempo y creatividad a demás de que significaba una inversión económica mucho mayor que hoy. Es impresionante como en solo una generación cambio por completo la experiencia de compra. Pasamos de tener que ir a elegir la tela, conversar con una modista y esperar pacientemente a estrenar un nuevo vestido, a poder ir a un centro comercial y adquirir uno en menos de 5 minutos al mismo precio que un café.

Hace alrededor de 30 años, siendo una repercusión directa de la globalización, con la competencia mundial, democratización de la información y la facilidad de llevar su producción al extranjero, marcas de moda de todo el mundo comenzaron a acelerar sus procesos. Todo esto con el objetivo de globalizar sus negocios para llegar a la mayor cantidad de clientes posible y así aumentar sus ganancias.

En esta búsqueda por la producción masiva, se descuidaron muchos aspectos ambientales y sociales de la cadena de suministro para darle paso a procesos que ofrecieran más control sobre la cantidad, calidad y costo de los productos.

¿Porqué es negativa?

Una prenda no es hecha de la noche a la mañana. Todo lo que usamos necesita recursos naturales y humanos. Siempre hay alguien detrás, cociendo, tiñendo, creado.

Aunque la moda rápida ha creado problemáticas ambientales y sociales inimaginables, el mayor daño que ha causado es normalizar la desconexión que tenemos de nuestra ropa. El no saber, y ni siquiera cuestionar de donde viene lo que consumimos desencadena acciones inconscientes no solo en los consumidores pero también en los productores. Al percibir nuestra falta de interés por como son creadas nuestras prendas, marcas de todo el mundo se han deslindado por completo de sus procesos de producción. Y ¿cuál es el efecto de esta falta de conciencia? Una crisis mundial.

Vayamos paso a paso en la cadena básica de producción de una pieza de moda rápida.

Materiales

Los materiales naturales tienen un ciclo de vida natural, (valga la redundancia). Los recursos no son infinitos ni atemporales. Y eso esta perfectamente bien. Pero no para la moda rápida. Este factor natural, les quita control a las empresas. No pueden programar, ni producir de una manera 100% personalizada, así que prefieren utilizar materiales sintéticos. Estas creaciones químicas son tóxicas para la tierra y toman eternidades en desintegrarse.

La industria textil es responsable de 20% de el uso de pesticidas globalmente, además de que teñidos tóxicos, solventes y detergentes industriales son responsables de un quinto de la contaminación mundial de agua.

(McKinsey 2020)

Diseño

El segundo paso es el diseño de las prendas. Es aquí donde entran las tendencias rápidas creadas para incentivar el consumismo. Ya que uno de los objetivos de este modelo es llevar la moda de la pasarela a las tiendas lo más rápido posible, en muchas ocasiones, acaban creando una copia casi exacta de diseños hechos por marcas pequeñas. Estas marcas chicas no tienen la misma capacidad de producción que las multimillonarias empresas de fast fashion y terminan en una situación imposible para poder llegar a considerar competir con ellas ya que sus diseños llegan al mercado con otra etiqueta antes de que ellos puedan producirlo.

Producción

En la etapa de producción nos enfrentamos con una de las situaciones más difíciles de esta gran problemática. Para poder crear prendas masivamente con costos bajos, es común que marcas de fast fashion subcontraten la maquila de ropa. En este puente, se crea una desconexión y una falta de trasabilidad que permite que se creen situaciones de trabajo inhumanas en sus fabricas. Sus colaboradores viven con sueldos ridículamente bajos y laboran en condiciones muy peligrosas. Es en esta etapa dónde podemos encontrar innumerables escándalos de explotación infantil, violación de derechos humanos y accidentes catastróficos.

El 93% de las marcas estudiadas por Fashion Checker, no le pagan el salario mínimo a sus trabajadores.

Distribución y consumo

Ya que la prenda fue creada, en su mayoría con materiales sintéticos y condiciones sin regulación, tienen que llegar a su destino para que nosotros podamos finalmente comprarla. Ya que una prenda puede ser creada en diferentes países para reducir costos de producción, su huella ambiental aumenta aún más con la transportación de lugar a lugar. Al llegar a la tienda, estas prendas son manejadas con campañas de mercadotecnia para incentivarte a siempre querer comprar, y como el famoso slogan de Sabritas bien lo dice, sientes que no puedes consumir solo una. Manipulan precios, cambian de lugar la ropa y crean campañas con descuentos para que tu sientas la necesidad de comprar sin pensar.

Más de 70 millones de barriles de petróleo son utilizados cada año para crear fibras de poliéster, siendo estas las más utilizadas a nivel mundial aún tomándose más de 200 años para descomponerse.

(Forbes, 2015).

Deshecho

Por último, gracias a la baja calidad de los materiales y el bajo costo que significa una prenda de moda rápida, cuando inevitablemente pierda su calidad después de dos veces de usarla, resulta más fácil y barato tirarla a la basura. No existe una conciencia o una conexión con tu ropa lo cual hace que no te importe tanto desecharla. La realidad es que una playera de poliéster es plástico. Ese plástico, al igual que una botella, un popote o un vaso desechable, va a durar en el Planeta más de 200 años.

De acuerdo a un estudio por The Guardian en 2019, una de cada tres personas, consideran que una prenda es vieja después de 2 o 3 usos.

¿Qué puedes hacer?

Es difícil dejar de consumir moda rápida por completo. Estamos acostumbrados a este modelo de negocios y toma una iniciativa personal para hacer un cambio. Empieza por lo más sencillo. Aprovecha al cien todo lo que ya tienes en tu closet. La ropa que ya tienes es la más sostenible que existe. Cuídala, quiérela y repárala. Cuando quieras algo nuevo, trata de intercambiar con tus amigos, familiares o explora la compra y venta de segunda mano. Existe un mundo vintage mágico lleno de tesoros listos para que los descubras.

En el caso de que quieras comprar algo completamente nuevo, trata de conocer a marcas locales. Acércate y pregúntales sobre sus procesos, su inspiración y su trabajo. Crea conexiones con las personas detrás de tu ropa y con la prenda que vayas a adquirir. Compra con intención y con consciencia.

Recuerda que todo cambio es positivo. No se trata de que tu eco-ansiedad de gane y te sientas culpable. El primer paso ya lo diste, informarte y leer. Ahora empieza a dejar ir tú curiosidad, cuestiona y usa cada peso como un voto a la hora de consumir moda.

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