Apropiación Cultural y apreciación cultural

Texto: Efraín Paulino Martínez Miranda

La primera visita que hice a la región Mixe, ubicada en la Sierra Norte de Oaxaca fue un parteaguas en mi vida. No tenía idea de la riqueza cultural que representa este estado. La compleja cosmovisión mixe, transmitida en sus tradiciones textiles y agrícolas; es lo que me ha impulsado para conocer otras regiones. Nueve años después de esa primera visita, no me atrevo a decir que lo conozco todo. Ni que he logrado entender sus tradiciones y costumbres como me gustaría. Sin embargo, lo que sí he aprendido en todo este tiempo es a respetar y reconocer el trabajo de las comunidades. Además de agradecer por permitirme conocer más sobre su historia.

Esta ligera introducción es para intentar aterrizar mi postura sobre la apreciación cultural y la apropiación cultural. Personalmente no me gusta dar conceptos de los términos. Primero, porque tengo mala memoria. Segundo, porque me parece que es mejor entender de qué se trata un tema en específico a partir de experiencias empíricas, más que académicas. Además, porque hay discusiones de todo tipo sobre la apropiación cultural. Que, por cierto, han girado en torno a elementos que son parte de la identidad cultural de comunidades originarias. Y que marcas de la industria de la moda han aplicado en sus colecciones, sin dar información alguna sobre el lugar de origen de lo que ellas llaman su “inspiración”.

Me gustaría proponer una postura neutral frente ambos términos. No porque defienda a las marcas que han “omitido” información de suma importancia sobre el origen de lo que nos ofrecen. Sino porque esto ocurre en otras escalas que no son juzgadas de la misma manera solo porque no son visibles o no tienen la capacidad de producción o comercialización. Pero también omiten muchos detalles importantes.

Para reflexionar

Sobre la apropiación cultural, sugiero que no solamente sucede en la industria textil sino en la industria agrícola. Es tan importante cuestionarnos sobre el origen de lo que vestimos, como el origen de lo que comemos y bebemos. Por tomar un ejemplo, el chile poblano es el nombre tradicional que se le da en México a una de las variedades del científicamente llamado Capsicum Annuum. El nombre poblano se da porque sus primeros cultivos se dieron en el Estado de Puebla.

Los municipios mexicanos productores del chile poblano son: San Salvador del Verde, San Martín Texmelucan, San Matías Tlalancaleca, Tehuacán y Calpan. Sin embargo, de acuerdo con datos de SAGARPA (2017), tres cuartas partes de la producción nacional de esta hortaliza, la generan cuatro estados: Sinaloa, Zacatecas, Guanajuato y Durango. Sin profundizar en este ejemplo, no podemos asegurar que se está apropiando culturalmente. Pero tampoco podemos asegurar que se está apreciando culturalmente un producto endémico de Puebla. Creo que pocas veces nos preguntamos si el chile poblano que conseguimos en el mercado es realmente de Puebla; o si el chile huacle para el mole, es realmente de Cuicatlán. 

Esta situación sucede también con los textiles y por eso insisto en que es un tema complejo. Saliendo de la eterna discusión sobre lo que las marcas internacionales han hecho o no; me parece relevante mencionar que entre marcas emergentes y diseñadores también hay omisiones que no parecerían tan serias. Pero si las juntamos todas, entonces sí tenemos un problema. Como ejemplo puedo decir que durante estos meses de cuarentena debido a la pandemia causada por la COVID-19; me ha sorprendido ver a marcas reconocidas que han decidido hacer cubrebocas con materiales que fueron elaborados con alguna técnica textil. Aún así, no saben diferenciar entre un bordado de un brocado o de un tejido en telar de pedales o de cintura. Mucho menos han sabido identificar el nombre de la comunidad de donde provienen. Esto resulta aterrador porque su narrativa como marca de prestigio, te hace creer todo lo contrario.

Apreciación Cultural

Dicho lo anterior, la apreciación cultural no se trata solamente de reconocer el origen de una técnica tradicional o de un producto. Se trata de profundizar sobre la misma técnica, historia, tradiciones, rituales o costumbres de una comunidad, originaria o no. Lograr esto es muy complicado porque implica profundo interés en conocer sobre dicho lugar, inversión de tiempo y otro tipo de recursos; no necesariamente financieros.

La apreciación cultural implica ir más allá de lo evidente. Esto quiere decir que tenemos que investigar más sobre el origen de lo que que vemos y tocamos. Pasar de ese romanticismo proveniente de la admiración y fascinación de las técnicas tradicionales aplicadas a lo textil, agrícola y gastronomía; a la profundización sobre la historia detrás de cada producto o técnica. Solamente así vamos a poder aprender a desaprender, cambiar paradigmas y eliminar estigmas que de alguna manera inciden en que sea muy fácil desinformar, engañar y plagiar.

La apreciación cultural, vista desde las marcas que producen artículos cuyo origen o intervención proviene de una comunidad con técnicas artesanales, se distingue cuando se reconoce el trabajo de dichas comunidades por preservar sus tradiciones, a través de la cooperación con las artesanas y artesanos en la gestión de los proyectos. A pesar de que hay mayor apreciación por los textiles tradicionales y hay proyectos bellísimos donde se fusionan técnicas artesanales con diseños contemporáneos o productos puros y tradicionales, es importante mencionar que hay marcas que no saben todavía la historia que hay detrás de lo que comercializan y esto es un problema. No basta con visitar una comunidad por un fin de semana para conocerla, ni basta con ir de entrada por salida para hacer pedidos directamente a las artesanas o para comprar directo y revender después.

Apropiación Cultural

El tema de la apropiación cultural tomó fuerza en el 2015. Se puso sobre muchas mesas de discusión y entramos a un bucle del que, aparentemente; no saldremos nunca. Esto ha traído efectos para muchos grupos de artesanos quienes han  encontrado una oportunidad para impulsar su trabajo y han tomado posturas firmes sobre lo que se puede compartir y no, con gente ajena a las comunidades que quieren hacer “colaboraciones” con ellos. Se han rescatado talleres artesanales que estaban en el olvido, se ha reactivado la actividad económica para muchas comunidades e incluso, se han gestionado iniciativas legales y marcos normativos para proteger el patrimonio cultural, que tiene mucho por pulir, pero ahí está como una alternativa para identificar técnicas y productos que pertenecen a una comunidad o una región.

Con esto no pretendo justificar la apropiación cultural pero sí quiero dejar claro que no es un tema fácil ni exclusivo de marcas internacionales que han utilizado una parte de la identidad de una o varias comunidades. La apropiación cultural en México la podemos identificar desde el momento en que este país se apropió de territorios que pertenecían a gente con una historia más amplia y rica en tradiciones. Los mixes, zapotecos, rarámuris, otomíes, nahuas y muchos más; son naciones con amplia historia que existían desde tiempo atrás y no fueron consultadas para pertenecer a un país llamado México.

Es muy importante fomentar la transparencia y la trazabilidad en cualquier industria y estar conscientes de las implicaciones que conlleva ser ciudadanos responsables. Esto lo vamos a conseguir si nos preguntamos ¿De dónde proviene lo que consumo?, ¿Cómo está hecho?, ¿Qué efecto tiene mi compra?. Tal vez parezca complicado responder una o todas las preguntas pero eso va a servir como un detonante para impulsar mejores prácticas que partan de la sensibilización cultural al asumirnos ignorantes con muchas ganas no solamente de aprender a desaprender sino de saber identificar, reconocer, apreciar y valorar lo que nos rodea. 

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Lo mejor será tomar una posición neutral frente a estos temas porque así vamos a poder absorber mayor información y esto nos permitirá abrir más los sentidos para darnos cuenta de aquellos detalles que son de verdad relevantes para comprender y enriquecer nuestro conocimiento. Nos daremos cuenta que poco a poco y de forma natural, estaremos evitando más controversias y apropiaciones. A la vez, orgánicamente fomentaremos la apreciación y preservación de las tradiciones vivas.

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