de un mes a una vida sin plástico

Reflexiones de Mafer Leduc y Ana Gargollo

MAFER LEDUCGENERAL MANAGER DE LUV.IT

Vivimos en un mundo de plástico. Simplemente pensando en lo que consumiste hoy, te darás cuenta que casi todo a tu alrededor esta plastificado aun no siendo de manera totalmente obvia. Desde que te levantas y te lavas los dientes, en tu regadera, en tus productos de maquillaje o cuidado de la piel. Bajas a desayunar y la comida que te preparas probablemente viene empaquetada en plástico. Tu funda del celular, tu botella de agua, tus plumas, tu silla, tus lentes. Te da frío y te pones una sudadera que no solo llegó en una bolsa de plástico porque la pediste en linea, pero te confiesa en su etiqueta interior que esta hecha 80% de poliéster; y qué es el poliéster? Plástico.

Enfrentarnos con este tipo de reflexiones todos los días es pesado. Es algo muy abrumador que, si te pasa cómo a mi, puede llegar a bloquearte por completo. La impotencia que por años fue una venda auto impuesta para ignorar que mi estilo de vida tenía, y aún tiene, muchas áreas de oportunidad, se convirtió en un motor para buscar alternativas sustentables y éticas. La curiosidad se volvió mi mejor aliada y cómo bien dice el refrán, preguntando se llega a Roma.

Hace algunos años, yo tenía la percepción de que las eco-inicitivas solo las lograban hacer los expertos. Esas personas que vemos que se pasan sus días haciendo limpias en playas, salvando especies marinas y viviendo completamente inmersos en la naturaleza. Cuando comparaba su estilo de vida con el mio, en una de las ciudades más grandes y más contaminantes del mundo, solita me convencía de que hacer un cambio ambiental, para mi sería algo imposible. Poco a poco, me fui dando cuenta que la realidad no puede estar más alejada de eso.

Tener una vida 100% ecológica sería mi sueño. Vivir en la playa, sin residuos, solo comiendo insumos completamente naturales y respirando aire puro todos los días. Mi realidad hoy, es lo opuesto a esta utopía que me imagino, pero eso no significa que no pueda hacer un cambio. Encontrar alternativas que se adapten a mis hábitos pero que no dañen al medio ambiente fue mi reto este primer intento de vivir un julio sin plástico.

Algunas áreas de mi casa resultaron más sencillas. El baño fue algo que logré transformar completamente a tener una mezcla de productos de origen natural y productos cero desperdicio. Con el simple acto de leer las etiquetas y conocer los ingredientes de los producto que utilizo todos los días, mi mentalidad cambió por completo y mis hábitos con ella. La cocina fue mucho más complicado. El supermercado es una bodega de plásticos y hay muchos productos que simplemente no existen sin empaques e ingredientes tóxicos. Más que recomendarles productos específicos en esta conclusión, creo que es más valioso compartir la reflexión de que sea cual sea tu estilo de vida, siempre siempre siempre, hay algo que puedes mejorar.

Re-usando, transformando, comprando, conociendo. Poco a poco, hábito por hábito o todo de un jalón. Todo se vale. Lo único que no se vale, es quedarnos con esa venda y tratar de ignorar algo que ya de ninguna manera se puede dejar para después.

Ana GargolloCoordinadora cambio climático en Pro natura

Este mes fue todo un reto; empecé muy optimista, haciendo todo lo posible por prepararme desde antes. Compré mi kit cero plástico, enfocándome en los productos que uso en mi día a día, e investigando cómo se podían reemplazar por opciones sin plástico.

Lo que no me imaginé es lo difícil que sería la comida; ya que vivo con mi familia, yo no tengo mucho poder de decisión sobre lo que se compra. Me di cuenta que la mayoría de las cosas que se compran vienen empaquetadas, y que la gente las escoge por ser la opción más sencilla. Yo pensaba que al ir al mercado, podría encontrar verdura sin empaquetar, pero muchas veces los vendedores no aceptaban las bolsas de tela.

Fue muy decepcionante y frustrante ver lo arraigado que está el plástico en nuestra vida, y lo difícil que es sacarlo. En mi casa, me enfrentaba con tener que comer cosas empaquetadas o de plano no comer. Descubrí varias tiendas a granel y definitivamente fueron un rayo de esperanza para mí. Sin embargo, también me di cuenta de lo difícil que es cambiar costumbres. Por ejemplo, llevé mis bolsas a las tiendas a granel y compré frijoles, arroz y lentejas para mi familia. A mi pesar, a las 3 semanas las bolsas siguen igual de llenas porque siguen comprando y cocinando con los productos empaquetados en plástico. 

Por supuesto que no toda mi experiencia fue negativa, y descubrí muchas alternativas a los productos que uso en mi día a día. Algo que me quedaré de la experiencia son todos mis productos de baño; me encanta que no solo son cero plástico, sino que también son naturales y de tiendas locales. También me quedo con las tiendas a granel; tal vez no para ir todo el tiempo pero mínimo sí dos veces al mes. Algo más que definitivamente seguiré haciendo es llevar mis contenedores a los restaurantes en vez de pedir comida a domicilio, es mucho más divertido y siento que puedo invitar a otros a hacer lo mismo y hacer una diferencia aunque sea pequeña. Las tres veces que pedimos comida a mi casa este mes, ¡hasta llevé mi tela encerada para el pan!. Caminamos por la calle con nuestros contenedores y paramos en varios restaurantes.

Algo que este mes me hizo ver es que consumimos muchas cosas procesadas, y al dejar de usar plástico, dejas de consumir cosas empaquetadas y automáticamente dejas de consumir productos procesados. Esto definitivamente es mejor para nuestra salud. 

También me di cuenta que hay varias cosas que podemos cambiar con relativa facilidad, pero hay productos que tenemos que buscar mucho por una alternativa o de plano dejar de usarlos. Esto se lo atribuyo al sistema en el que vivimos; vivimos en una sociedad acostumbrada a lo fácil y rápido, siempre buscamos productos que nos faciliten la vida. Por ejemplo, las comidas preparadas que solamente metes al microondas. O, sin irnos tan lejos, las hortalizas que vienen empaquetadas y sin el tallo; o ahora que se puso de moda el “arroz de coliflor,” ya podemos comprar la coliflor cortada (obviamente en bolsa de plástico). Mientras que es muy fácil culpar al consumidor por comprar esas cosas, también deberíamos de voltearnos hacia los productores, las empresas que nos hacen creer que necesitamos ese tipo de productos.

Una vida sin plástico

Creo que sí tenemos responsabilidad como consumidores de exigir mejores productos, y de votar con nuestro dinero, pero al mismo tiempo, también es responsabilidad de las empresas ofrecer ese tipo de productos. Este mes, cargué con las responsabilidad como consumidor y encontré opciones sustentables, pero muy rebuscadas. No podemos esperar que toda la sociedad haga ese cambio, más bien deberíamos de tener política pública más estricta sobre el tipo de productos que las empresas pueden ofrecer y sus procesos de producción. Las empresas también deberían de buscar mejorar sus procesos productivos y encontrar alternativas más sustentables.

Si lo piensas bien, el impacto ambiental que tiene una persona a comparación del impacto que tiene una compañía es minúsculo. Entonces ¿por qué le pedimos a los consumidores que cambien y no a las empresas? Si realmente queremos que nuestro sistema cambie para bien, necesitamos todos trabajar en conjunto y no solo un grupo de personas que dejó el plástico un mes. 

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