Distanciamiento social, una reflexión a partir del confinamiento

Con el inicio de junio, cumplimos 12 semanas en confinamiento.

12 semanas.

Ochenta y cuatro días desde que cambió nuestro concepto de normalidad.

Es difícil poner en palabras todas las reflexiones que han invadido nuestro día a día. Parece casi imposible procesar un año que empezó como cualquier otro, con propósitos, abrazos y esperanza; pero que nos ha puesto a prueba desde sus primeras horas. Es irónico como cada día es diferente viviendo en la monotonía física de una cuarentena. Despertamos a una nueva sorpresa que parece sacada de una película, y la vivimos a través de una pantalla. Nos indignamos por video llamada con amigos, publicamos nuestros sentimientos con videos en modo selfie, y nos amamos con palabras en mensajes de texto.

La distancia física tan abruptamente impuesta en nuestras vidas por el confinamiento, vino a romper todo lo que pensábamos valioso. Llegó a cuestionar paradigmas, hábitos y hasta relaciones. Pero en medio de toda esta introspección, la distancia también nos deja muchos aprendizajes positivos. De repente nos dimos cuenta de que la conexión humana va mucho más allá que la señal de internet. Mientras un virus nos mantiene separados, nos ha unido más que nunca.

Empezamos a comprender la importancia de hacer comunidad, de colaborar, de amar y empatizar. Creamos nuevas relaciones digitales que esperamos con ansias poder finalmente transformar en un abrazo y una tarde tomando una taza de café. Dejamos a un lado el egoísmo para escuchar. Para aprender. Para mejorar. Soñamos en regresar a una realidad mucho más justa y humana, porque mientras el coronavirus nos demuestra que somos frágiles, también nos abre los ojos a comprender el enorme poder que tenemos de transformar por completo la manera en la que vivimos.

Esta editorial es una de las tantas reflexiones en tiempos de confinamiento plasmada en fotografías. Quisimos experimentar y vivir este momento tan único en la historia de la manera más cruda posible. Toda la ropa es de marcas que no necesitaron una pandemia para tener prácticas éticas y sostenibles, pero que genuinamente quieren lograr inspirar un cambio positivo en como decidimos co-existir con la naturaleza. 

Insecto

El bebé de una verdadera innovadora textil apasionada por la naturaleza. Insecto es una marca de ropa mexicana que crea diseños únicos con tejidos naturales, estampados orgánicos y procesos de moda lenta. Como un cuenta cuentos, Tricia plasma su esencia en cada pieza dándole un valor intangible a estos básicos perfectos para abrazarte en casa. 

Pau Roman

Un emprendimiento que nace en Mérida, Pau Roman, crea una nueva realidad donde puedes salvar al planeta con tu ropa. Confecciona sus piezas de lounge y beach wear con Econyl, hilo hecho a base de pet y materiales sintéticos recuperados del océano. Prendas con la fluidez y delicadeza de la briza del mar que tanto extrañamos. 

HUA

Algo que nos encanta de Hua es su apertura y honestidad al siempre buscar maneras de ser mejores como diseñadoras y como marca. La autenticidad corre en sus venas y es evidente en sus prendas. Esta pieza nace por la iniciativa de aprovechar cada centímetro de material y lograr un diseño cero desperdicio. El body retazos ha sido una luz en tiempos de incertidumbre para esta marca mexicana, gracias a que cada vez somos más los que buscamos que nuestra ropa sea una representación de nuestros valores.

FOTOGRAFÍA Y DIRECCIÓN CREATIVA: Rikki Matsumoto

MODELO: Carina Orellana

Déjanos un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.