Cambio climático : Por qué tenemos que empezar a amar al planeta

Los recientes incendios en Australia no son coincidencia, son UN REFLEJO de nuestro futuro.

Resulta algo difícil ignorar lo que está pasando en Australia, los medios de comunicación y nuestras redes sociales nos inundan de imágenes apocalípticas de los incendios, los animales afectados y la gente huyendo de sus casas. Sabemos que hay incendios en casi todo el país, y que éstos han resultado incontrolables. A pesar de que Australia tiene uno de los mejores equipos de bomberos del mundo, nada es competencia al efecto del cambio climático en el planeta.

Con todo el enfoque que se le está dando a Australia, es fácil olvidarse que solo hace unos meses, había incendios en todo California y British Columbia. Los incendios ocurren cada temporada en estos lugares, y son parte del ciclo natural de los ecosistemas; sin ellos, no se podría regenerar el suelo. Sin embargo, lo que no es natural es la fuerza y la frecuencia de estos desastres naturales. 

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En todo el mundo, parece ser que el planeta nos está dando una última llamada. Inundaciones en Estados Unidos que afectaron a casi 14 millones de personas, granizos y huracanes anormales en México, sequías incontrolables en Sudáfrica, Venecia desapareciendo. Podríamos quedarnos días enlistando desastres naturales que sobrepasan nuestro poder como humanos.

Pero, ¿qué tienen en común estos eventos?

Desafortunadamente, estos eventos no son independientes. En realidad, los vincula un fenómeno más grande llamado cambio climático. La mayoría de nosotros hemos escuchado este término, y tenemos una noción de qué significa, pero realmente ¿qué implica?

Para entender el cambio climático, imagínate que estás en un invernadero; en cuanto entras, se siente una temperatura más alta, debido a la protección de las paredes y techo de lonas de plástico. Si ponemos otra capa de plástico alrededor del invernadero, la temperatura subiría aún más. Ahora imagínate que el invernadero es el planeta y el plástico que lo cubre es la atmósfera. En la atmósfera, se encuentran lo que llamamos Gases de Efecto Invernadero (GEI) como el metano, el óxido nitroso y por supuesto el dióxido de carbono. Estos gases son responsables de que haya vida en el planeta, igual que el plástico del invernadero permite que crezcan las plantas en un ambiente adecuado para ellas.

Cuando los rayos del sol entran al planeta, una parte es absorbida por el mismo y otra parte se refleja. De esto que se refleja, los GEI atrapan una parte y esto calienta la atmósfera. Sin embargo, entre más gases hay, más radiación solar atrapan; es como ponerle esa capa extra de plástico al invernadero.

Medimos la concentración de GEI en ppm (partes por millón) y se ha visto una relación directa entre concentración de GEI y temperatura global. Esa comparación visual se llama la gráfica del palo de hockey, por su forma:

Antes de la revolución industrial, los niveles de CO2 estaban en 280 ppm, en diciembre 2019, llegaron a 412 ppm. El problema no es solo que sube (y seguirá subiendo) la temperatura, sino los efectos que esto tiene en el clima – por eso el término cambio climático.

Los científicos de la IPCC advirtieron que una concentración de 450 ppm llevaría a un incremento de 20C en la temperatura, lo cual causaría clima aún más extremo que el que hemos estado viviendo. Con estos cambios en el clima, veremos una alta incidencia de los siguientes fenómenos: temperaturas altas, cambio en los patrones de lluvia, sequías y olas de calor, huracanes más fuertes, aumento en el nivel del mar y deshielo de los polos. 

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Toda esta información puede llegar a ser muy abrumante, y es inevitable pensar que está fuera de nuestras manos. Entonces, ¿qué podemos hacer?

Todos podemos poner nuestro granito de arena para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero. Todas nuestras acciones cuentan, aquí te damos una lista de pequeños hábitos que tienen un gran impacto:

1. Apagar las luces : la energía eléctrica se genera quemando combustibles fósiles, así que cuando apagas las luces que no necesitas, reduces tus emisiones.

2. Apagar y desconectar aparatos electrónicos: La mayoría de la energía eléctrica consumida en el hogar viene de aparatos conectados sin uso.

3. Evita transportarte en coche: El sector transporte es de los más contaminantes a nivel global y tú puedes reducir tu impacto al caminar, usar bici, compartir coche o usar transporte público.

4. Evita volar: Aun más contaminante que los coches, son los aviones, ¡evítalos cuando puedas!

5. Reduce tu consumo de carne: La industria agrícola está entre los primeros lugares de emisiones de GEI a nivel global, y la carne es de lo que más contribuye a esto. Trata de tener una dieta vegetariana 2 veces a la semana, te vas a sentir mejor y ayudas al planeta.

Todos podemos hacer la diferencia. Lo peor que podemos hacer, es pensar que otras personas van a solucionar este tema. Es hora de actuar y tomar responsabilidad.


ACERCA DE NUESTRA COLABORADORA

Ana Gargollo es una apasionada de la naturaleza. Es licenciada en desarrollo sustentable y experta en cambio climático. Es parte de el equipo de Pronatura, una ONG Ambiental dedicada a la conservación y resiliencia de la biodiversidad.

Conoce más de su trabajo aquí.

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